Tokage no ryoushu-sama Capitulo 28

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28. Cerco total

 

 

“ESO” no tenía propósito, ni voluntad, ni emociones; no tenía nada.

 

“ESO” poseía una sola y única función:

 

Absorber el mana del entorno, convertirlo en magia y almacenarlo.

 

El lugar donde “ESO” había sido creado originalmente era escaso en mana. Por esa razón, se le había incorporado un círculo mágico diseñado para absorber con voracidad y eficiencia el mana de los alrededores.

 

Sin embargo, el mana de este lugar era denso y abundante.

 

En medio de una concentración de mana que superaba con creces las previsiones de su creador, el círculo mágico —carente de una válvula de seguridad— sufrió una transmutación.

 

Tras rebasar todos los límites absorbiendo mana y convirtiéndolo en energía mágica, comenzó a moverse como una masa viviente de magia que tenía a “ESO” como su núcleo.

 

Aun habiendo llegado a ese extremo, “ESO” no tenía propósito, ni voluntad, ni emociones; no tenía nada.

 

“ESO” poseía una sola y única función:

 

Absorber el mana del entorno, convertirlo en magia y almacenarlo.

 

De forma eficiente, con voracidad.

 

“ESO” evolucionó a pasos agigantados únicamente para cumplir ese propósito.

 

—¿Qué es esto…? —murmuró César, atónito.

 

Al acercarse a una distancia prudencial de esa masa negra que era el origen de la energía mágica, César se detuvo y bajó a Catalina de sus brazos.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano por sostenerse sobre sus piernas tambaleantes, Catalina alzó la mirada de reojo hacia César.

 

—No es un monstruo, ¿verdad?

 

—No. Jamás he visto un monstruo como este. Ni siquiera percibo presencia de vida en él.

 

Enseñando sus afilados colmillos, César miró fijamente a la entidad.

 

Poseía una base tan gruesa que se habrían necesitado al menos cinco personas tomadas de la mano para rodearla, y de ella brotaban múltiples tentáculos largos que se retorcían de forma espeluznante. Su silueta se asemejaba a las anémonas de mar que ella había visto en las enciclopedias.
Su color era un negro absoluto que no reflejaba la más mínima luz.

 

En efecto, de esa cosa solo emanaba una densa e intensa presencia de energía mágica. A menos que se tratara de un mago o de un miembro de la raza escamosa con una alta resistencia a la magia, resultaría difícil incluso acercarse. Dado que absorbió tanto mana a su alrededor, cualquier humano común con baja resistencia mágica se desmayaría al ser afectado por la radiación del mana.

 

Fue una verdadera suerte que los alrededores fueran solo terrenos baldíos. Por mucho que los habitantes de esta aldea estuvieran acostumbrados a un mana más denso en comparación con otras regiones, con este nivel de concentración jamás habrían salido ilesos.

 

A pesar de haber llegado a esta distancia, la criatura no mostraba intenciones de atacar, pero dejarla a su suerte no era una opción.

 

—La guardia civil todavía no ha llegado —dijo César mirando a su alrededor.

 

—Les di instrucciones de equiparse con protección mágica antes de venir, así que eso debe estar tomándoles tiempo.

 

Si hubieran salido equipados desde el principio habría sido una cosa, pero era muy probable que hubieran tenido que regresar a equiparse tras cruzarse con los mensajeros de Catalina.

 

—No queda de otra, ¿eh? —murmuró César con gesto amargo.

 

—Además, una cosa es enfrentarse a un monstruo, pero lidiar con algo tan insondable como esto podría ser una carga demasiado pesada para la guardia civil, ¿no cree?

 

—…¿La asistente tiene algún plan?

 

—Sí. Primero pienso dispersar el mana que se está acumulando. Esa cosa parece absorber el mana para convertirlo en magia. Creo que lo mejor será dispersarlo para evitar que siga absorbiendo más, y luego cortar la causa de raíz.

 

—Entendido. Te lo encargo.

 

Catalina asintió ante las palabras de César y alzó ambas manos.

 

Dado que se le daba mal la magia que interfería directamente con el espacio, decidió actuar sobre el mana mismo. Creó un canal de salida para el mana hacia las alturas, dispersándolo fuera de la aldea.

 

Guiado por Catalina, el mana invisible comenzó a elevarse poco a poco hacia el cielo, reduciendo su presencia en las cercanías.

 

(La concentración de mana también ha bajado un poco. Con esto…)

 

Catalina dejó escapar un suspiro de alivio al ver que la estrategia estaba dando resultados.

 

“ESO” percibió que el mana que tanto le había costado reunir del entorno estaba disminuyendo.

 

La capacidad de ese «algo» para dispersar el mana superaba a la capacidad de “ESO” para recolectarlo.

 

Eso significaba que “ESO” no podría cumplir su propósito.

 

Una vez mutado, “ESO” no dudó en cambiar de método con tal de alcanzar su objetivo.

 

Al analizar la situación a su alrededor, descubrió que, aparte de sí mismo, existían entidades que no acumulaban mana, sino energía mágica pura.
Una pequeña y otra más grande.

 

Extraer la energía mágica directamente de ellas resultaba mucho más eficiente que absorber mana y convertirlo.

 

Esa fue su conclusión.

 

La entidad pequeña revoloteaba por el cielo manteniendo su distancia de “ESO”. La más grande se encontraba sobre la tierra.

 

Lo más eficiente sería arrebatarle la energía mágica a la más grande.

 

Cerca de la entidad grande había otra aún mayor, pero apenas se percibía energía mágica en ella. Decidió ignorarla, aunque si estorbaba, la eliminaría.
Habiendo fijado su rumbo, “ESO” comenzó a ejecutar el proceso necesario para cumplir su cometido.

 

La masa negra, que hasta entonces se había mantenido dócil, comenzó a ondular en su totalidad.

 

Al bajar la concentración de mana en el entorno, ¿pretendía tomar alguna clase de acción?

 

Catalina dio un paso al frente.

 

—¡Señor feudal! ¡Bloquearé sus movimientos con un muro de tierra!

 

Buscando tomar la iniciativa, apoyó ambas manos en el suelo y activó su magia. Un círculo mágico brilló rodeando la masa negra. El suelo a su alrededor se elevó de golpe, creando un muro de tierra que cubrió a la entidad.

 

Sin embargo…

 

—¡Ugh! ¡¿Está absorbiendo el mana del muro de tierra?!

 

El sólido muro de tierra, que ni una espada ni una lanza habrían podido derrumbar, comenzó a desmoronarse en pedazos. Esto se debía a que el mana y la magia que compactaban la tierra estaban siendo absorbidos por la entidad negra.

 

La magia de tierra y esa cosa negra tenían una compatibilidad pésima.

 

Arrepentirse por no haberlo previsto antes ya era demasiado tarde.

 

—Asistente, retrocede.

 

Empuñando su lanza corta, César dio un paso al frente para proteger a Catalina, quien intentaba ponerse en pie tambaleándose.

 

—Lo siento mucho. Ha sido una imprudencia de mi parte —dijo Catalina mientras se mordía el labio.

 

Se dio cuenta de que, en algún momento, se había dejado llevar por la arrogancia. Si hubiera podido usar magia de otros elementos a un alto nivel, habría tenido muchas más opciones. Sin embargo, a pesar de solo poder dominar el elemento tierra, haber sobreestimado su habilidad solo porque le había servido contra monstruos le daba tanta vergüenza que sentía ganas de llorar.

 

(No, ya habrá tiempo para odiarme después. Ahora debo hacer lo que esté a mi alcance).

 

Apretando los dientes, Catalina alzó el rostro que amenazaba con decaer. No era momento para lagrimas.

 

—Continuaré con la tarea de dispersar el mana.

 

Incluso revaluándolo, la conclusión de no permitir que absorbiera más energía mágica no cambiaba.

 

César repelió con su lanza un tentáculo negro que se extendía hacia ellos.

 

—¡Tsk! ¡No hay sensación de impacto!

 

Al entrar en contacto con la lanza de César, el tentáculo se convertía en una niebla que la atravesaba. Una vez que la lanza pasaba de largo, la niebla se condensaba de nuevo en forma de tentáculo.

 

Era un enemigo muy molesto contra el cual los ataques físicos no surgían efecto.

 

César gruñó con una expresión feroz:

 

—¿Cómo se lucha contra un enemigo al que no le hacen efecto las lanzas?

 

—Pensando con lógica, es imposible que una masa de magia así surja sin motivo. Debe haber algún objeto en su centro que sirva de núcleo con un círculo mágico grabado. Si destruimos eso, bastará.

 

Aunque resultaba difícil de percibir debido a la densa masa de magia, en el centro de la base negra se sentía la presencia de un círculo mágico.
Cuando Catalina se lo informó, César asintió sin apartar la mirada de la masa negra.

 

—Entendido. Por ahora nos replegaremos para encontrarnos con la guardia civil.

 

—Entendido.

 

Comenzaron a tomar distancia de la cosa negra poco a poco.

 

Sin embargo, no se les permitió escapar.

 

¡Fshhh!

 

Desde el centro donde brotaban los tentáculos, la cosa negra expulsó una densa niebla oscura. La niebla, moviéndose como si tuviera voluntad propia, bloqueó la ruta de escape de Catalina y César.

 

Tomando como centro la entidad negra, la niebla densa los rodeó formando un círculo con un radio de unos veinte pasos (según la zancada de Catalina). Su altura superaba el triple de la estatura de César. Por muy superiores que fueran las capacidades físicas de la raza escamosa, era una altura imposible de saltar. Debido a la niebla negra e opaca, resultaba imposible ver qué había del otro lado.

 

—¡Maldita sea, qué niebla tan estorbosa!

 

—¡Mi Señor! ¡No lo haga!

 

Cuando César intentó atravesar la niebla por la fuerza, Catalina dejó escapar un grito desgarrador. Tras asegurarse de que César se detuviera en seco, Catalina recogió una piedra que rodaba a sus pies y la arrojó hacia la niebla.

 

¡Ssshh!

 

Se desprendió un desagradable olor a piedra carcomida.

 

La dura cara de César se deformó en un gesto aún más severo.

 

—¿Ni siquiera con mis escamas sería posible?

 

—La magia de altísima concentración es nociva. Si a una piedra le pasa esto, imagínese…

 

Catalina se tragó la frustración y negó con la cabeza. Si fuera mana, ella podría interferir y dispersarlo, pero esta energía mágica tenía la presencia de algún tipo de conjuro. Para arrebatarle el control de la magia a esa cosa negra, tendría que descifrar y reescribir la estructura del hechizo, pero esa era una tarea demasiado pesada para Catalina, quien no era una maga de profesión.

 

—Sin embargo, ¿por qué esta cosa no nos arrojó esa niebla directamente a nosotros? —preguntó César, manteniendo la guardia alta con su lanza.

 

—Parece que lo hizo para no matarnos, pero al mismo tiempo evitar que escapemos.

 

—También existe la posibilidad de que quiera torturarnos hasta la muerte… pero no parece tener los gustos de un ser vivo. Supongo que esa opción queda descartada.

 

—Así es. Si es así… ¡Ah!

 

Tres tentáculos que se retorcían se abalanzaron sobre Catalina.

 

—¡Asistente!

 

En el último segundo, César cargó a Catalina en brazos y esquivó los tentáculos.

 

Las extremidades flexibles y retráctiles apuntaban a Catalina desde todas direcciones. César saltaba de un lado a otro con una agilidad que no correspondía a su enorme cuerpo, esquivando cada ataque. Catalina hacía todo lo posible por aferrarse al cuello de César para no salir despedida.

 

—¡Asistente! ¡¿Dónde está ese dichoso núcleo?! ¡Dime la ubicación exacta!

 

Ante la pregunta de César, Catalina agudizó sus sentidos para buscar la posición precisa del núcleo.

 

—¡Ahí!

 

Tras ubicar la presencia del círculo mágico, Catalina apuntó con el dedo hacia el polvo que se levantaba en el aire.

 

(¡Aunque no pueda usar viento, puedo manipular la tierra y la arena!)

 

La nube de polvo que manipulaba cambió de propiedades mientras volaba hacia la base de la masa negra donde se encontraba el círculo mágico. Al llegar a la base, la arena perdió su fuerza al serle absorbida la magia, por lo que no pudo incrustarse profundamente. Sin embargo, la arena cuya naturaleza había sido alterada para ser altamente resistente a la magia logró adherirse exactamente en el lugar que Catalina deseaba. Un cristal verde brilló levemente.

 

—¡Mi Señor! ¡Está detrás de ese cristal!

 

—¡Bien!

 

César dio un paso firme al frente y preparó su lanza.

 

Sin embargo…

 

—¡Ah!

 

—¡Asistente! ¡Maldición!

 

Un tentáculo que se había deslizado desde su punto ciego se enroscó rápidamente alrededor del brazo de Catalina. Distraído por esto, a César también le atrapó el pie otro tentáculo. Acto seguido, un tercer tentáculo sujetó a Catalina por la cintura y la arrancó con gran fuerza de los brazos de César.

 

—¡Mi Señor!

 

Varios tentáculos apresaron el cuerpo de Catalina, elevándola por los aires.

 

Desde lo alto, vio a César, quien había quedado completamente inmovilizado con los brazos y el torso enrollados por los tentáculos.

 

—¡¿N-qué pretendes hacer?!

 

Sin responder a su grito desesperado, la entidad negra extendió varios tentáculos delgados desde su base, los cuales comenzaron a manosear torpemente el cuerpo de Catalina.

 

 

CONTIINUARÁ…

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