29. Ataque de Tentáculos
«Él» estaba impaciente.
Había intentado atrapar al objetivo provocando una pequeña anomalía y un poco de confusión, pero se había producido una situación que superaba por completo todas sus previsiones.
En el plan original, la piedra mágica que se le había «caído» descuidadamente a «él» mientras daba un paseo debía acumular magia poco a poco; esto llevaría a que el objetivo —buscando una presencia mágica que en teoría no debería percibirse en la aldea— saliera a investigar para ser interceptado.
Ya había averiguado que, con excepción del objetivo, en esta aldea no había ningún otro mago con conocimientos sobre piedras mágicas.
Sin embargo, lo que se suponía que debía ser un flujo mágico suficiente apenas para causar un pequeño revuelo, resultó ser una cantidad de magia transmitida desde el sur que superaba con creces sus expectativas.
La piedra mágica que había preparado estaba diseñada únicamente para reunir el escaso mana que existía en los confines de Roccia. No poseía la función de almacenar ni acumular una cantidad tan descomunal de magia.
Las consecuencias imprevistas aparecieron donde menos lo esperaba.
Debido a su linaje, «él» poseía cierta resistencia al mana y a la energía mágica. Sin embargo, no ocurría lo mismo con los demás miembros de la comitiva, quienes eran roccianos de sangre pura.
A pesar de encontrarse en el taller de tejeduría, situado al norte y bastante alejado del terreno baldío del sur, se vieron afectados por la intoxicación del mana anómalo y tuvieron que ser trasladados a la enfermería del taller.
La situación del duque de Abascal era especialmente grave, al punto de haber perdido la consciencia.
Dado que el médico que los había acompañado desde Roccia no servía de nada por el mareo provocado por el mana, «él» no tuvo más remedio que colaborar con el médico de la aldea y correr de un lado a otro para atender y cuidar a la comitiva de inspección.
En este estado, estaba muy lejos de poder ir a buscar al objetivo.
(¡Maldita sea! ¿Acaso calculé mal la particularidad de esta aldea? ¡¿Qué demonios está pasando en el sur?!)
El neutralizador contra el mareo por mana, que la aldea tenía preparado para las caravanas de comerciantes que la visitaban, no era suficiente para el número de personas de la comitiva.
Mientras preparaba más neutralizadores bajo las instrucciones del médico de la aldea, su rostro puso una expresión tan amarga como si hubiera masticado un bicho venenosos.
—
Catalina palideció cuando un tentáculo del grosor de su dedo meñique comenzó a deslizarse sin contratiempos por las aberturas de su traje de funcionaria.
—¡¿N-qué está haciendo?! ¡¡Deténgase!!
—¡Asistente! ¡Maldición, libera a la asistente!
En el suelo, César forcejeaba y amenazaba a viva voz, pero la entidad negra no prestaba la menor atención.
Por mucho que Catalina intentara retorcerse, los tentáculos más gruesos sujetaban con firmeza sus extremidades y su torso.
Por el cuello y las mangas del traje, así como por debajo de la falda, comenzaron a colarse diferentes tentáculos.
Los tentáculos negros y delgados que reptaban por la piel de Catalina tenían una superficie lisa y elástica.
Esa sensación helada poseía una textura que Catalina nunca antes había experimentado; el roce de aquello tan desconocido le puso la piel de gallina.
—¡Ah!
El tentáculo que se coló por el cuello acarició su clavícula hasta alcanzar su pecho.
Rreptó sobre el firme busto de Catalina como si estuviera explorando. Tras dar unos ligeros golpecitos con la punta sobre su pecho, el tentáculo rodeó la aréola y se enroscó suavemente en el pezón ubicado en el centro.
El rostro de Catalina, que hasta entonces lucía pálido, se tiñó de un rojo intenso por la vergüenza.

Otro tentáculo que había entrado por la manga se enroscó a lo largo de su brazo hasta llegar al pecho opuesto y, como si hubiera aprendido del tentáculo vecino, se enroscó de inmediato en la punta de su pecho.
—Mnn…
De forma suave e irregular, los tentáculos enroscados empezaron a manosear los capullos de sus pechos.
Ese movimiento fue más que suficiente para despertar la voluptuosa sensación que ella había descubierto tiempo atrás.
—Ah…
Al sentir cómo una pequeña cantidad de energía mágica era extraída de su cuerpo, Catalina comprendió de golpe la verdadera intención del tentáculo.
La magia es un arte de la razón; si las emociones se descontrolan, resulta difícil manipular la energía mágica.
Las emociones negativas como el dolor, el sufrimiento o la tristeza enturbian la magia.
Si el objetivo era extraer magia pura, los estudios demostraban que se debía inducir una emoción positiva en el sujeto.
Siendo así, ¿cómo se podía extraer la magia de otra persona por la fuerza?
La respuesta era: brindando placer sexual.
Era imposible que emociones como la alegría o la diversión surgieran en una situación de sometimiento forzado. Sin embargo, tratándose de placer sexual, aun cargando con emociones negativas como la humillación, la aversión o el temor, era posible extraer una cantidad de magia sumamente pura.
Cuando leyó aquel ensayo —clasificado como libro prohibido e inhumano inmediatamente después de su publicación— Catalina se había indignado pensando: *»¡Qué desfachatez!»*. Jamás imaginó, ni en sus peores pesadillas, que terminaría comprobando esa teoría en su propio cuerpo.
—¡Asistente! ¡¿Estás bien?!
A los oídos de una acongojada Catalina llegó la voz angustiada de César.
(¡Es verdad! ¡Frente a mi señor, ¿qué clase de desvergonzada postura estoy mostrando?!)
Dado que no le habían quitado la ropa, él no podía ver directamente cómo le manoseaban el pecho. Pese a ello, la idea de que alguien más presenciara cómo manoseaban su cuerpo le resultaba insoportable.
—¡P-por favor, no mire!
—E-entendido.
Respondiendo a la súplica desesperada de Catalina, César cerró los ojos con fuerza.
De ser posible, a ella le habría gustado que también se cubriera los oídos, pero teniendo los brazos atados por los tentáculos, eso era pedir un imposible.
(Debo contener la voz como sea).
—¡Hyau!
Apenas formulado aquel propósito, dejó escapar un gemido extraño.
La punta del tentáculo que amasaba la punta de su pecho variando la intensidad se abrió en dos, adhiriéndose por succión a la zona ya enrojecida.
En el interior del tentáculo adherido proliferaban diminutos cilios que se agitaban de forma irregular.
Mientras le succionaban ambos pechos y los cilios la atacaban desde todas direcciones, su pecho se estremeció y en lo más profundo de sus caderas brotó un dulce y punzante deseo.
—¡E-espere un momento!
Un delgado tentáculo que se había colado por debajo de la falda acarició su muslo.
Al mismo tiempo, el tentáculo más grueso que sujetaba las piernas de Catalina se las dobló y separó, dejándola en una postura similar a la de un niño sentado en su bacinica.
Aunque llevaba puesta la falda, al estar suspendida en el aire, su ropa interior quedaba totalmente al descubierto vista desde abajo.
—Asistente…
Al escuchar el grito de Catalina, César abrió ligeramente los ojos y la mirada se le extravió.
Al darse cuenta, Catalina le gritó llena de desesperación:
—¡¡Le dije que no mirara!!
—L-lo siento…
César volvió a cerrar los ojos. Pero el alivio de Catalina duró un instante: el delgado tentáculo alcanzó el borde de su ropa interior y se deslizó sin problemas hacia el interior.
Ssshh…
En su zona más íntima y humedecida, el tentáculo se onduló.
Cada vez que la punta del tentáculo entraba y salía superficialmente por su flor, los jugos del deseo comenzaban a gotear.
—Faa…
El tentáculo cubierto de néctar atrapó el pequeño botón sobre su flor.
Lo tocó con suavidad y comenzó a frotarlo lentamente en círculos.
—Ah… mnn, haa, no…
Un gemido voluptuoso escapó de los labios de Catalina.
Aunque su ceño se fruncía ante un placer no deseado, sus mejillas estaban sonrojadas y su mirada había perdido el enfoque.
Que Catalina, siendo aún una doncella pura, sucumbiera tan fácilmente al placer no se debía únicamente a la destreza del tentáculo en su búsqueda de eficiencia: también influía el efecto de aquel fruto con propiedades afrodisíacas que había ingerido tiempo atrás. El cuerpo de Catalina se había vuelto sumamente sensible al placer sexual.
El tentáculo continuó ondeando y revolviéndose por toda su zona íntima.
Catalina retorció el cuerpo intentando escapar de la sensación, pero lo único que podía mover era el cuello. Soltando bocanadas de aire, agitó la cabeza en un gesto de negación.
El tentáculo que frotaba su botón detuvo su movimiento; su punta se abrió y, al igual que había hecho con sus pechos, se adhirió al sensible botón.
—¡¡Hyaaahn!!
¡Ah!
Al ser atacado su sensible botón por los cilios en movimiento, fue llevada de golpe hacia el clímax.
Al ser atacada simultáneamente en el pecho y en su centro, no le quedaba más opción que estremecerse de placer sin un solo segundo de descanso. Su mente ya no tenía la capacidad de pensar en contener la voz.
—Ahf, mnn… no… ah… ¡aah!
Mientras gemía bajo el ataque en tres puntos, Catalina no se dio cuenta de que otros dos tentáculos delgados comenzaban a trepar por sus piernas.
—¡Yan!
Ambos tentáculos penetraron en su ropa interior.
Al tratarse de una prenda holgada tipo pololo, no había impedimento para que un total de tres tentáculos se movieran en su interior. Tras impregnarse del abundante néctar de su zona íntima, cada uno se dirigió hacia su respectivo destino.
—Hau… no, ¡ah! …No puedo más…
Uno de los nuevos tentáculos se introdujo en su gruta de néctar, mientras que el otro lo hizo en el pliegue posterior, abriéndose paso lentamente.
Los tentáculos, delgados, suaves y cubiertos de lubricante, hicieron sentir su presencia en el interior de Catalina sin causarle dolor alguno.
—A-aah…
Moviéndose en ondas, los tentáculos exploraron con minucioso cuidado los puntos más sensibles de Catalina.
La joven, que siempre había considerado la abertura posterior como un canal destinado únicamente a la expulsión de desechos, frunció el rostro mientras derramaba lágrimas fisiológicas.
(¡Q-qué sucio! ¡¿Incluso en un lugar como ese?!)
Sin embargo, la destreza del tentáculo era absoluta.
Sincronizando sus movimientos con el tentáculo de la gruta de néctar, rozó la mucosa del lado abdominal.
—¡Hyan!
Un placer escalofriante la hizo estremecerse y abrir los ojos de par en par.
Sentir placer en un lugar como ese, ¿no la convertía acaso en una pervertida?
Haciendo oídos sordos a la confusión y al temor de Catalina, su cuerpo respondía con una sensibilidad cada vez mayor.
Cinco tentáculos se movían al mismo tiempo con el único fin de brindarle el más alto grado de placer. Una jovencita como Catalina no tenía la menor oportunidad de resistir.
El tentáculo en el interior de su gruta extendió sus cilios justo en el punto de mayor sensibilidad y comenzó a vibrar con fuerza.
—¡¡¡Aaaaaaaaaaah!!!
*¡Ah, ah!*
Tras alcanzar un clímax devastador, Catalina arqueó todo el cuerpo hacia atrás para luego quedar completamente exhausta y sin fuerzas.
Con cada clímax consecutivo le extraían una pequeña cantidad de energía mágica, aunque no se trataba de un volumen que pusiera en riesgo su vida.
Sin embargo, de continuar así, sentía que perdería la cordura y moriría de placer.
(U-ugh… ¿Cómo puedo librarme de esto…?)
—¡Ahn!
Sin piedad ni corazón humano, los tentáculos no le concedían ni un segundo de tregua.
Los capullos de sus pechos, su botón frontal, su gruta interior y la abertura posterior parecían haberse convertido en órganos destinados únicamente a procesar el placer.
—
Cuando la conciencia de una exhausta Catalina comenzaba a desvanecerse, los tentáculos detuvieron súbitamente sus movimientos.
Al mismo tiempo, la muralla de magia negra que giraba suavemente a su alrededor sufrió una alteración.
En un punto de la barrera surgió un desorden.
A sus fosas nasales llegó el olor de algo quemándose y abrasándose; estimulado por aquel hedor, el sentido de Catalina retornó.
César, olvidando su promesa con ella, volvió la vista hacia la muralla.
—¿Eh?
—¿Qué es eso?
Desde el otro lado de la barrera de magia, envuelta en un olor extraño y humo, una enorme sombra irrumpió en el lugar.
CONTINUARÁ…




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